jueves, mayo 19

Un jueves cualquiera...

Me encontraba en la esquina de Corrientes y Uruguay comprando el diario. Rascaba en mis bolsillos unos pesos cuando de repente escuché la voz de mi madre. Por más que hice el esfuerzo de ubicarla entre la gente a mi alrededor nunca di con ella. Seguí mi camino. Leía sobre la crisis persistente de la Argentina y de la visita del presidente Kirchner al Banco Interamericano de Desarrollo para exponer a los directivos su idea de una nueva estrategia en pro de la economía del país. Por ahí una nota agradable de una pequeña sin un bracito que ganó el campeonato infantil de su escuela de natación (una escuela para personas con capacidades diferentes). Una señora me detuvo para decirme que traía desatadas las agujetas y de paso me preguntó si sabía de la exposición de estrellas fugaces disecadas que había en la Recoleta, quería saber de la hora de inicio. Busqué en el diario para informarle pero al alzar la mirada ella no estaba más ahí. De nuevo la voz de mi madre, de nuevo mi esfuerzo por verle entre los transeúntes y nada. Tomé rumbo hacia la plaza de Mayo porque quedé de verme ahí con Cecilia. Algo quería contarme de su proyecto final del postgrado. Por la premura, olvidé atarme las agujetas así que al doblar la esquina di tremendo azote en la acera, que el diario voló deshojándose por completo en el aire antes de caer y repartir las noticias del jueves por toda la calle. Abrí los ojos y grata sorpresa: mi madre estaba allí. “hijo... hijo...” El cielo azul de Buenos Aires, tras el golpe, se asemejaba más al techo de mi habitación y el sol que llevaba al hombro rumbo a la plaza, se convirtió en un santiamén, en un viejo ventilador con las aspas chuecas....
“Madre, qué pasa”... “hijo –dijo mi madre mientras me sacudía- que se te hace tarde para ir al trabajo”. “Pues ¿qué hora es?”. “Son las ocho con treinta, vamos ya levántate”.... me apresuré, me di un baño y luego bebí un café al mismo tiempo que un suspiro me trasladó al invierno pasado en Argentina. Y aunque salí muy a prisa de casa esta mañana, llegué tarde al trabajo... ¿qué cosas no?
Hoy extrañé mis andanzas por Corrientes, esa avenida con sabor a literatura y teatro, a tango y política, a conquistas y sueños, y desde hace tiempo, a heridas aún abiertas, pero también a esperanza. Hoy extrañé Argentina...

Corrientes,
la amable, la calle Corrientes
de los sueños locos, los sueños ardientes

pintoresca calle, noctámbula ideal
del viejo Montmartre, el Café Domínguez
y el rante Pigall...